22 sept 2006

RONALDO HARA SU REAPARICION, DEBE LEVANTARSE, ES LA ULTIMA OPORTUNIDAD

Decir Ronaldo es decir gol. Pese a las lesiones y al bajón que ha pegado en los últimos años, las cifras del delantero siguen estando muy por encima de la media. Llegó a Europa avalado por su temporada 1993-94 en el Cruzeiro, donde marcó la friolera de 41 goles en 45 partidos. Su puerta de acceso a las grandes ligas fue el PSV, de manera que el equipo de la Philips volvía dar en el clavo como ya había hecho años atrás fichando al también brasileño Romario. Con los de Eindhoven y sólo en Liga, Ronaldo marcó 30 goles en su primera temporada en Holanda.
Su progresión, sin embargo, se vio truncada por una lesión, que en ningún caso le impidió anotarse 12 goles en 13 partidos en su segundo año. Tampoco fue impedimento para que el Barcelona echase sus redes sobre él. En su única temporada en el Camp Nou, Ronaldo marcó un antes y un después en la historia de la Liga. No fueron sólo los 34 goles que logró en 37 partidos ligueros. Fue más que eso: él fue el núcleo de un equipo que ganó todo menos la Liga, y protagonizó momentos como el famoso gol en el campo del Compostela. Aquel slalom provocó que Bobby Robson saltara del banquillo con las manos en la cabeza y que Nike le dedicara un anuncio. Después llegó el Inter y pagó por él casi el doble de lo que Núñez había abonado al PSV.
En Italia las cosas no marcharon bien. 25 goles en el primer año fueron sólo el preludio de un rosario de lesiones que casi acabaron con la carrera del jugador. Aunque primero llegó la final del Mundial 98, perdida por Brasil ante Francia y antes de la cual Ronaldo sufrió una misteriosa indisposición de la que nunca se ha acabado de saber la verdad. Finalmente estuvo en el campo, pero no pudo hacer nada por su equipo. Con la lesión, llegaron los meses, muchos meses, en los que la imagen de Ronaldo estaba más asociada a las muletas que al famoso avión que representaba tras marcar.
El día de su reaparición, vistiendo la elástica del Inter ante la Lazio, Ronaldo protagonizó otra imagen que dio la vuelta al mundo: a los siete minutos de estar en el campo, su rodilla volvió a hacer crack y el delantero cayó al suelo entre gestos de dolor. Era el año 2000, de modo que tras los casi dos años de recuperación que siguieron nadie daba un duro por el jugador en el Mundial de Corea y Japón. Pero allí escenificó su vuelta: fue el máximo goleador y ganó el título de campeón. Semanas después dejaba Milán para entrar a formar parte del Olimpo galáctico de Florentino Pérez.
Pese a que nunca ha vuelto a dar esa imagen de alumno aventajadísimo que ofreció en el Barcelona, Ronaldo ha brindado unos números fuera de toda duda en el Bernabéu. 82 goles en 121 partidos de Liga lo dicen todo. Su media de tantos en el campeonato es de 0,73 por partido, por encima de mitos como Di Stefano (0,68), Kubala (0,64) o Hugo Sánchez (0,67). Su imagen sí ha perdido algo de brillo, pasando de devorador de títulos a una fama de devorador a secas. Él, intocable allá donde ha ido, ha sufrido la ira su propio público. Pero da la sensación de que lo del brasileño es una mezcla de relajación por una parte y efecto Florentinato por otro; de modo que, sin el presidente y su herencia de por medio, y con algo de ambición, Ronaldo es candidato a volver a repetir la que es su historia: las reapariciones.

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